UNA ADICCIÓN FATAL: LA ÚLTIMA ENTREVISTA DE TED BUNDY

*Algunas imágenes de este artículo puede herir su sensibilidad
   
  Ted Bundy concedió una entrevista a James Dobson justo antes de ser ejecutado el 24 de enero de 1989. Mira aquí la entrevista online.
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     LA ENTREVISTA

     Ted Bundy, un infame asesino en serie, concedió una entrevista al psicólogo James Dobson justo antes de ser ejecutado el 24 de enero de 1989. En esa entrevista, describió la agonía de su adicción a la pornografía. Bundy indaga en sus raíces, explicando el desarrollo de su comportamiento compulsivo. Revela su adicción al porno duro y cómo este avivó los terribles crímenes que cometió. 
     Cuando Ted Bundy tenía 13 años, descubrió "revistas guarras" en un contenedor cerca de su casa.
Fue cautivado por ellas de inmediato. En poco tiempo, Bundy se hizo adicto a imágenes cada vez más violentas en revistas y vídeos. Disfrutaba viendo vídeos de mujeres torturadas y asesinadas. Cuando se cansó de verlo, solo había un lugar a donde esta adicción podía derivar: de la fantasía a la realidad.
     Bundy, un estudiante de derecho guapo e inteligente, tentaba a las mujeres de distintas formas para meterlas en su coche. A veces se ponía una escayola falsa en el brazo o la pierna y cruzaba el campus llevando varios libros. Cuando veía a alguna mujer sola interesante, "accidentalmente" dejaba caer los libros cerca de ella. La chica entonces se ofrecía a ayudarle a llevar los libros al coche. Una vez allí, él la empujaba adentro, donde quedaba atrapada. Después de abusar de ella y cuando ya se le había pasado la euforia, Bundy la mataba y tiraba su cuerpo en alguna parte donde no podría ser encontrado durante meses. Y así hizo durante años.
    Para cuando lo capturaron, Bundy había matado al menos a 28 jóvenes en actos demasiado horribles de ver. Finalmente fue encarcelado y condenado a la pena de muerte por matar a una niña de 12 años y tirar su cuerpo en una pocilga. Después de  más de 10 años de apelaciones y maniobras legales, un jurado dio la orden de ejecución. Esa semana, Bundy pidió a su abogado que concertara una cita conmigo en la Prisión Estatal de Florida para una última entrevista.
      Cuando llegué, había una atmósfera como de circo fuera de la prisión. Había adolescentes con pancartas que decían: "arde, Bundy, arde" y "estás muerto, Ted". También había más de 300 periodistas entre la multitud que querían conseguir la historia de las últimas horas del asesino, pero Bundy no quiso hablar con ninguno de ellos. Tenía algo que decir, pero creía que los medios no lo transmitirían adecuadamente. Así que me invitó a llevar una cámara y grabar sus últimos comentarios antes de morir.
     Nunca olvidaré aquella experiencia. Crucé 7 puertas blindadas y detectores de metales tan sensibles que el alfiler de mi corbata hacía saltar la alarma. Finalmente, llegué a una sala interna donde nos íbamos a ver. Lo acompañaron a la sala, lo cachearon y luego lo rodearon seis guardas de la prisión mientras hablaba conmigo. A mitad de la entrevista, las luces de pronto parpadearon. Ted dijo: "no es nada, en un momento se pondrán bien".
     No me di cuenta hasta más tarde de lo que había sucedido. El prisionero sabía que sus ejecutores estaban probando la silla eléctrica que se llevaría su vida la mañana siguiente.
Ted Bundy quería que el mundo supiera lo que hace la pornografía
     ¿Qué era lo que Ted Bundy tenía tantas ganas de decir? Sentía que le debía a la sociedad el prevenirlos del daño que causa el porno duro, y explicar cómo le había llevado a él a matar a tantas mujeres y niñas inocentes. Con lágrimas en los ojos, describió al monstruo que lo poseía cuando había estado bebiendo. Sus ganas de matar siempre aumentaban con la pornografía. Ahora podréis leer una transcripción exacta de la conversación con Bundy solo 17 horas antes de ser llevado a la silla eléctrica.
James C. Dobson: son las 2:30 de la tarde. Tu ejecución se producirá mañana  a las 7 de la mañana, si no hay ningún cambio. ¿Qué se te pasa por la cabeza? ¿Qué pensamientos has tenido en estos últimos días?
Ted: No te voy a engañar ni a decirte que es algo que tengo bajo control. Es algo que va momento a momento. A veces estoy muy tranquilo y a veces no lo estoy en absoluto. Lo que se me pasa por la cabeza ahora mismo es utilizar los minutos que me quedan de la forma más útil y fructífera. Ayuda bastante vivir el momento, siempre que lo hagas productivamente. Ahora mismo me siento muy tranquilo, en gran medida porque estoy aquí contigo.
JCD: Eres culpable del asesinato de muchas mujeres y niñas.
Ted: Sí, es verdad.
JCD: ¿Cómo ocurrió? Cuéntame. ¿Cuáles son los antecedentes de tu comportamiento? Creciste en un hogar que tú considerabas sano. No abusaron de ti física, sexual o emocionalmente.
Ted: No, y esa es la parte trágica de esta situación. Me crié en una casa maravillosa con dos padres dedicados y amorosos, y otros 5 hermanos y hermanas. Nosotros, como niños, éramos el centro de las vidas de mis padres. Íbamos habitualmente a la iglesia. Mis padres no fumaban, ni bebían ni apostaban. No había ningún tipo de abuso ni peleas en casa. No estoy diciendo que fuera perfecto, pero era un sólido hogar católico. Espero que nadie intente tomar el camino fácil de culpar a mi familia de contribuir a esto. Sé lo que pasó, y te lo estoy contando de la forma más honesta posible.
     Cuando tenía 12 o 13 años encontré, fuera de casa, en la tienda del barrio, porno suave. Los chicos de esa edad suelen explorar cada esquina del vecindario, y en el nuestro a menudo nos encontrábamos en la basura con libros más gráficos, más duros. Esto incluía también revistas de detectives, y me gustaría enfatizar esto. El tipo más dañino de pornografía - estoy hablando desde mi dura experiencia personal - es aquel que implica violencia sexual. La unión del sexo y la violencia, y lo sé muy bien, conduce a un comportamiento demasiado terrible de describir.
JCD: Háblame de eso. ¿Qué se te pasaba por la cabeza en aquel momento?
Ted: Antes de seguir, es importante que la gente crea que lo que digo es cierto. No estoy culpando a la pornografía. No estoy diciendo que me hizo hacer ciertas cosas. Toda la responsabilidad por las cosas que he hecho es mía, esa no es la cuestión. La cuestión es cómo este tipo de literatura contribuyó a moldearme y dar forma a mi comportamiento violento.
JCD: Avivaba tus fantasías.
Ted: Al principio, aviva el proceso mental. Después de un tiempo, es un instrumento fundamental para cristalizarlo, convertirlo en algo que es casi una entidad separada.
JCD: Solo habías llegado hasta donde te dejaba tu fantasía, con material impreso, fotos, vídeos, etc, y después tuviste la necesidad de llevar eso al plano físico. Una vez que te hiciste adicto solo buscabas material más potente, más gráfico y más explícito. Como en cualquier adicción, cada vez necesitas algo más duro y que te dé un mayor sentimiento de excitación, hasta que llegas al punto donde la pornografía no puede darte más, y te planteas que quizá empezar a actuar te dará esa sensación que buscas, y que está más allá de leer o mirar porno.
JCD: ¿Cuánto tiempo estuviste en ese punto antes de que llegaras a asaltar a alguien?
Ted: Un par de años. Luchaba internamente contra mi comportamiento violento y mi instinto criminal. Esto me había condicionado en la iglesia, en el vecindario, y en los colegios. Sabía que no estaba bien pensar en ello, y hacerlo sin duda era peor. Estaba al límite, y los últimos vestigios de contención eran continuamente puestos a prueba.
JCD: ¿Recuerdas qué fue lo que te impulsó? ¿Recuerdas qué decisión tomaste, y dónde?
Ted: Es muy difícil describirlo - la sensación de llegar a un punto donde sabía que no podría controlarlo más. Las barreras que tenía desde niño no eran suficientes para evitar que hiciera daño a alguien.
JCD: ¿Sería adecuado llamarlo "frenesí sexual"?
Ted: Es una forma de describirlo, una compulsión, un cúmulo de energía destructiva. Otro hecho que no he mencionado es el uso de alcohol. Junto con mi exposición a la pornografía, el alcohol reducía mis inhibiciones y la pornografía me llevaba cada vez más lejos.
JCD: Después de cometer tu primer asesinato ¿cuál fue el efecto emocional? ¿Qué ocurrió en los
Jodi Lenz, una de las víctimas de Bundy
días siguientes?

Ted: Incluso después de todos estos años aún es difícil hablar del tema. Hablar de ello es revivirlo, y es difícil como poco, pero quiero que entiendas lo que ocurrió. Era como salir del trance de un sueño horrible. No quiero dramatizar, pero solo puedo compararlo a estar poseído por algo espantoso, y despertarte la mañana siguiente recordando lo que había pasado y sabiendo que ante los ojos de la ley, y ciertamente ante los ojos de Dios, eres responsable. Levantarme a la mañana siguiente y darme cuenta de lo que había hecho, teniendo mis principios éticos y morales intactos, me horrorizaba.
JCD: Antes de eso ¿nunca supiste de lo que eras capaz?
Ted: No hay forma de describir la necesidad brutal de hacerlo, y una vez que has satisfecho esa necesidad y gastado esa energía, volvía a ser yo mismo. Básicamente era una persona normal. No era un tío de esos que se pasan el día por los bares, ni un pervertido de esos que ves y dices: "algo raro pasa con ese tipo". Era una persona normal, con buenos amigos. Llevaba una vida normal, excepto por este segmento potente y destructivo que mantenía en secreto. Aquellos que hemos estado tan influenciados por la violencia en los medios, particularmente la violencia pornográfica, no somos monstruos. Somos vuestros hijos y maridos. Crecimos en familias normales. La pornografía puede llegar a cualquier niño de cualquier casa hoy en día. A mí me pasó hace 20 o 30 años, con todo lo diligentes y protectores que eran mis padres, incluso en un hogar cristiano como el nuestro, no hay protección alguna contra la tolerancia y la influencia de la sociedad...
JCD: Fuera de estas paredes, hay varios cientos de reporteros que quieren hablar contigo, y tú pediste hablar conmigo porque había algo que querías decir. Sentías que el porno duro, y la puerta que conduce a él, el porno blando, está haciendo un daño que se silencia, y está causando que otras mujeres sean violadas y asesinadas como hacías tú.
Ted: No soy científico, no pretendo creer lo que John Q. Citizen opina sobre esto, pero he vivido en prisión durante mucho tiempo, y he conocido a muchos hombres que se sentían motivados a cometer actos violentos. Todos ellos, sin excepción, estaban involucrados profundamente con la pornografía, consumidos por la adicción. El estudio del FBI sobre asesinos en serie muestra que el interés común entre todos estos asesinos es la pornografía. Es la verdad.
JCD: ¿Cómo habría sido tu vida sin esa influencia?
Ted: Sé que habría sido mucho mejor, no solo para mí sino para mucha otra gente, mis víctimas y sus familias. No hay duda de que habría sido una vida mejor. Estoy convencido de que no habría habido ningún tipo de violencia. 
JCD: Si pudiera hacerte todas las preguntas que oigo por ahí, una sería: ¿piensas ahora en las víctimas y sus familias? Años después, sus vidas no son normales. Nunca lo serán. ¿Tienes remordimientos?
Ted: Sé que mucha gente dirá que soy un interesado, pero con la ayuda de Dios he llegado a un punto en el que puedo sentir el dolor causado, aunque demasiado tarde. Sí, absolutamente. Durante los últimos días he estado hablando con algunos investigadores sobre casos sin resolver en los que tuve que ver. Es muy duro hablar de ello después de tanto tiempo, porque revive todos los sentimientos y pensamientos que pensaba que ya había olvidado. Se ha reabierto y he sentido el dolor y el horror de nuevo. 
     Espero que esos a quienes he causado tanto daño, incluso si no creen mi expresión de dolor, crean lo que estoy diciendo ahora: hay algunos como yo en sus comunidades, en sus ciudades, cuyos peligrosos impulsos se ven avivados día sí, día no, por la violencia en los medios en todas sus formas, en particular la violencia sexual. Me asusta mucho lo que veo por televisión. Mucha de la violencia de las películas de hoy ni siquiera las permitirían hace 30 años en películas X.
JCD: ¿Las películas de miedo?
Ted: Es la violencia más gráfica en escena, sobre todo si los niños no están prevenidos de que podrían llegar a ser un Ted Bundy, o al menos una predisposición para ese tipo de comportamiento.
JCD: Uno de los últimos asesinatos que cometiste fue el de la niña de 12 años Kimberly Leach. El clamor del público se oye mucho más sobre este caso porque una niña inocente de 12 años fue llevada del patio del colegio. ¿Qué sentiste después? ¿Sentiste las mismas emociones de siempre
Ted: No puedo hablar de eso ahora mismo, es demasiado doloroso. Me gustaría poder contarte la experiencia, pero no soy capaz. No puedo ni siquiera imaginar el dolor de los padres de estas niñas y jóvenes a las que he dañado. Y no puedo resarcirlos de ningún modo. No pretendo que me perdonen, no lo estoy pidiendo. Ese tipo de perdón solo lo concede Dios. 
JCD: ¿Mereces el castigo que te ha impuesto el Estado?
Ted: Es una buena pregunta. No quiero morir, no te voy a engañar. Sin duda merezco el castigo más duro que la sociedad me pueda imponer. Y creo que la sociedad merece ser protegida de mí y de otros como yo, seguro. Lo que espero que salga de esta conversación es que creo que la sociedad merece protegerse de sí misma. En el rato que hemos estado hablando hay ciertas fuerzas actuando, en concreto este pornografía violenta, y al mismo tiempo que la gente de bien condena a Ted Bundy, pasan por la estantería de revistas porno que pueden llevar a sus hijos a convertirse en Ted Bundy. Esa es la ironía. Hablo de ir más allá del resarcimiento, que es lo que la gente quiere de mí. No hay forma en el mundo de que matarme pueda devolver a esas preciosas niñas a sus padres, y calmar el dolor. Pero hay muchos otros niños jugando en las calles en todo el país hoy que van a morir mañana, o pasado mañana, o al otro, porque otra gente joven está leyendo y viendo lo que hay en los medios.
JCD: Hay un tremendo cinismo sobre ti, supongo que por una buena razón. No estoy seguro de que haya algo que puedas decir para que la gente te crea, y aun así me has dicho (y también lo he oído de parte de nuesto amigo común John Tanner) que has aceptado el perdón de Jesucristo y crees en él. ¿Sacas fuerza de eso en estos últimos momentos?
Ted: Sí. No puedo decir que estar en el Valle de las Sombras de la Muerte es algo a lo que me haya acostumbrado, ni puedo decir que soy fuerte y no me molesta. No es divertido. Me siento muy solo, y aun así me tengo que recordar a mí mismo que todos pasaremos por esto de un modo u otro.
JCD: Todos estamos destinados.
Ted: Incontables millones de personas han vivido en la Tierra antes que nosotros, así que esto es solo una experiencia que todos compartimos.
Cadáver de Ted Bundy, tras su ejecución en la silla eléctrica


Ted Bundy fue ejecutado a las 7.15 de la mañana siguiente a la grabación de esta entrevista.

Traductora: Marina Liñán 

Traducido del artículo original publicado en Pure Intimacy
http://www.pureintimacy.org/f/fatal-addiction-ted-bundys-final-interview/




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